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sábado, 6 de noviembre de 2010

Genocio Deportivo

Apenas la Revolución Libertadora toma el poder en el país forma una comisión que tenía como fin investigar todo lo relacionado al peronismo. La 1 tenía que ver con los sindicatos, la 2 con los Ministerios. Así hasta llegar al 49, que investigaba al deporte. “Con ese número te están diciendo que no les interesa el deporte. Si lo pones en el escalón 49, mucho interés por el deporte no tenes”, explica el sociólogo y entrenador de básquet Emilio Gutiérrez. Esta Comisión no tardó en ponerse a trabajar y citó a los campeones mundiales de 1950: “De mi consideración: Solicito de usted tenga a bien concurrir a la sede de esta Comisión Investigativa sita en la calle Carlos Pellegrini Nº 1362 de esta Capital el día viernes 27 del corriente a las 17:00 horas a efectos de prestar declaración. Sin otro particular, lo saludo atentamente, Julio M. Tramonti Burgos (vocal)”.

Paradójicamente, los interrogatorios en donde Monza reconoce que la pasó “muy mal”, se realizaron en el lugar que Perón le había dado al básquet nacional, en plena euforia post Mundial y por pedido del entrenador Canavesi, para discutir sus cosas. “Nos preguntaron porque habíamos desfilado con corbata negra en Helsinki 1952 y les dijimos que toda la delegación desfiló así y que se debía a la muerte de la esposa del presidente. Era lógico. Después nos preguntaron que habíamos traído de Europa. Cosas estúpidas”, recuerda el capitán del equipo Ricardo González.

El tiempo pasaba y las investigaciones en todos los ámbitos continuaban y lentamente se daban cuenta que iban a caer muchos mas de los que ellos pensaban. No iban a caer solo peronistas, sino también muchos que estaban ahora con la Libertadora. Por lo tanto, no iban a perseguir a amigos. Entonces se decidió poner punto final a la Comisión. Pero los dirigentes de la Confederación Argentina de Básquet se encargaron que ninguno se salvara. “Perón había dejado de lado a todos los dirigentes de básquet. La organización del equipo del Mundial la dejó en manos del mejor jugador, Furlong, y el mejor entrenador, Canavesi. Encima a todos los jugadores le dio la orden de importan un coche, no solo a los del mundial sino también a los equipos que hicieron buenas giras por Europa, y también les daba a los médicos, kinesiólogos y utileros. ` ¿A quien no les daba?´: a los dirigentes”, relata Gutiérrez.

Y los suspendieron de por vida basándose en el, viejo y empolvado, Código del Aficionado, creado en una regata de 1860 en Londres, con el fin que los hombre que tenían plata y tiempo no compartan su práctica social con los pobres. Cabe destacar que la mayoría de los campeones mundiales respetaba este código, ya que con la posibilidad de ir a jugar a la Asociación de Buenos Aires (fundada por los clubes de fútbol que no respetaban el código) decidieron continuar jugando en sus clubes.

“La sanción salió de la Confederación, habrá sido con la recomendación del Gobierno de turno, pero el que tomó la bandera y nos sancionó a todos fue la Confederación. En donde había dirigentes que habían estado festejando con nosotros en el Mundial. Nos querían castigar y nos castigaron”, comenta González. Y Monza agrega: “Al básquet nunca le perdonaron que haya salido campeón del mundo”. Finalmente fueron 35 jugadores los sancionados. Perdonándolos diez años después, cuando ya era tarde para todos.

Destruir llevó tan solo unos segundos y volver a tener un equipo argentino de primer nivel mundial, 50 años. Sin embargo, todavía y difícilmente se logré en pocos años, no se ha podido recuperar la popularidad y atracción que tenía el básquet en aquellos años. “Se perdió la camada, por mucho tiempo no se compitió por nada. Se corto con todo. A todo el deporte argentino lo volvió a retrazar, sobre todo al básquet”, concluye González, quien a 60 años no se olvida de su capitanía y tiene pensado ir a buscar a Claudio Morresi –Secretario de Deportes de la Nación- a la puerta del Cenard y pedirle una ayuda para sus compañeros: “Yo tengo suerte que laburo, pero el Chino, Uder, El Negro Busto, Canavesi, no tienen nada".

miércoles, 3 de noviembre de 2010

A 60 años: lo que se dice un equipo

Uno de los aspectos más importantes para lograr que un equipo triunfe es consolidar la “unión del grupo”. Y los campeones del primer y único mundial en la historia del básquet nacional en 1950 han dado muestras de ello. Y lo continúan haciendo aún hoy reuniéndose, muchos de ellos, los días miércoles a comer. Y lo harán también hoy, a 60 años exactos del triunfo por 64-50 frente a Estados Unidos en la final.

La sede es el restaurante “El Negro” del Club Palermo, en donde el base del equipo campeón Ricardo González es presidente honorífico e ídolo. El Negro pasa gran parte del día en el club, lugar que considera su “segunda casa” y donde es reconocido por todos. Pese a no tener actualmente un cargo formal en el club, se lo puede ver constantemente dando indicaciones a los empleados. “Esas flores hay que ponerlas urgente en los canteros. No importa si el domingo vienen los pibes y las rompen”, ordena el integrante del salón de la fama FIBA.

Otro participante habitual a las cenas, es Omar Monza. El elero cada vez se le complica más la movilidad debido a que posee dos prótesis en las rodillas, producto de jugar en piso de cemento y con zapatillas de lona, sin embargo, no le imposibilitan llegar al restaurante del primer piso, ya que el club cuenta con un ascensor de carga. Pocos en Palermo saben que Monza fue uno de sus principales verdugos en aquellas míticas finales de los años 50`, cuando vestía la camiseta de Parque. “De esta cancha tengo un feo recuerdo. En un partido frente a Palermo me empujaron y caí contra la gente. Golpeé con algo y mira como me quedó el dedo”, cuenta Monza, mientras muestra el meñique izquierdo doblado.

El último integrante es Ignacio Poletti, quien fue el encargado de pasar a buscar a Monza por su casa. Es el más joven de los tres y es unos de los pocos del interior que formaron el equipo. “En el Mundial era muy joven, por eso me toco jugar poco. Yo venía del interior y lo que viví en la final fue único, sorprendente. No me lo olvido más”. Es el más callado de los tres y prefiere escuchar a sus compañeros, pero al ser consultarlo por material fotográfico del Mundial dispara: “Por eso preguntale al Negro o a Monza. Yo en esa época estaba solo en Capital y me dedique a la joda”.


Comenzada la cena, las anécdotas vuelven a aparecer. “En la final, nosotros queríamos jugar con la pelota de la época y los yanquis con una similar a la actual. Así que se resolvió jugar un tiempo con cada uno. Igual les ganamos los dos”, recuerda con una sonrisa González, a quien es común ver mostrando, con una memoria envidiable, las fotos y trofeos que adornan el restaurante y la oficina del club.

“El encuentro con Perón después del Mundial fue tremendo. Muy pocos éramos peronistas, pero al salir de ahí por el carisma del tipo salimos todos peronistas”, explica Monza, quien en esa época se encontraba cumpliendo servicio en Aeronáutica y Perón le otorgó la baja en reconocimiento. Y González agrega: “Lo más importante fue lo que nos dijo Perón: `A mi no me preocupan las ideas políticas que tengan. Lo que ustedes acaban de hacer por la Argentina es mejor que el trabajo de cien embajadores”. Por su parte, Poletti prefiere destacar la buena conformación que hizo el entrenador Canavesi: “El mix que se formo entre el talento de los jugadores de capital y la fuerza y rudeza de los del interior fue la clave para ganar”.

Un tema que no tienen problemas en contestar si se lo preguntan, pero prefieren evitar en sus habituales charlas, es la absurda suspensión de por vida que sufrieron en 1956 por considerarlos profesionales. Sin embargo, es un tema que no hay que olvidar y el próximo posteo se dedicará al “genocidio deportivo” que sufrieron estos jugadores y que afectó notablemente a todo el básquet nacional.
Partido final: Argentina 64-Estados Unidos 50Fecha: 3 de noviembre de 1950.
Argentina (64): Viau 2, González 7, Uder 1, Furlong 20 y Contarbio 8 (fi) Bustos 1, Del Vecchio 14, Pérez Varela 4, Menini 7, Monza 0 y López 0. Entrenador: J. Canavesi.
EE.UU. (50): Slocum 8, Langdom 6, Stanich 11, Reese 3, Kahler 5, Metzger 3, Parks 2, Jaquet 2, Fisher 0, Haffley 6 y Williams 4. Entrenador: Gordon Carpenter.
Primer tiempo: Argentina 34-24. Estadio: Luna Park.